lunes, 16 de enero de 2012

Piscina

Era de noche, justo a esa hora en que no puede ser más oscura.
La Luna había desaparecido, se había escondido en algún lugar del universo. No quería que nadie la viera. No esa noche.
Estaban delante de esa piscina abandonada, vacía. Unas gradas inmensas rodeaban el recinto y algunas pequeñas plantas crecían en minúsculas grietas del cemento. Bajaron.
Caminaron por el borde hasta la escalera del trampolín olímpico. Durante ese rato no se dijeron nada, solo estaban cogidos de la mano, haciendo todo al unísono. Y lo subieron.
Se acercaron veinte metros al cielo, pero a ellos les parecía que nadie en el mundo podía estar, en ese momento, más cerca del espacio.
Allí, estirados uno al lado del otro, fumaron viendo las estrellas. Y algún cometa.